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A COCINAR CON MANDARINA Y TEJOCOTE

LA MANDARINA

La mandarina o tangerina, se considera como uno de los cítricos más populares en el mundo. Posee un agradable dulzor y suave pulpa.

La mandarina posee el ácido oxálico que se encuentra en su pulpa, unido con las pectinas de la cáscara, que se convierten en el remedio que arrastra el plomo, mercurio, cadmio y cromo que se hallan en la sangre.

Esta pequeña y aromática la fruta es rica en propiedades nutritivas, por lo que cada gajo constituye un bocado de la salud. La mandarina se compone principalmente de agua (88%), posee un escaso contenido de azúcares, y un bajo aporte calórico (aprox. 37 calorías por 100 gramos).

Es buena fuente de vitamina C, aunque la contiene en menor cantidad que otros cítricos. Es también importante fuente de ácido fólico y betacaroteno (provitamina A), un pigmento vegetal que le otorga su hermoso color naranja y que una vez ingerido, se transforma en vitamina A en el organismo, favoreciendo la visión, los huesos y el sistema inmunológico.

Esta nutritiva fruta, contiene además cantidades destacables de ácido cítrico, magnesio y potasio, y en menor proporción, calcio y algunas vitaminas del grupo B (B1, B2, B3, B6). Por su alto contenido de potasio, carotenoides y otros nutrientes, la mandarina constituye una buena alternativa para reponer los líquidos y minerales perdidos después de la actividad física.

Usualmente las mandarinas se consumen frescas y en gajos, pero también se emplean en la preparación de jugos, refrescos, helados, postres, pasteles, mermeladas, licores ensaladas, entre otros.

EL TEJOCOTE

Cuando la temporada de frío comienza, la naturaleza nos brinda al tejocote, un pequeño fruto de corte modesto con increíble valor nutricional, que es utilizado en todos los hogares mexicanos durante las fiestas navideñas. Se puede comer solo, acompañado o en jaleas y postres deliciosos.

México es el principal productor de Tejocote, y los estados donde hay una mayor producción son Durango (norte de México), Jalisco y Michoacán (occidente), y Guerrero y Oaxaca (sur).

Desde tiempos prehispánicos, el tejocote se ha considerado útil para la salud, su nombre proviene del náhuatl texócotl, que significa fruta agria silvestre o dura, ya que crece junto a pinos y encinos.

Esta pequeña frutita contiene altos niveles de calcio, ideal para proteger huesos y dientes, además de favorecer el cerebro y la coagulación sanguínea, gracias a su alta producción de hemoglobina, por su alto contenido de hierro; contiene además Vitaminas del complejo B, vitamina C, fortaleciendo el sistema inmunológico, contribuye en la absorción de hierro y neutraliza sustancias que oxidan y destruyen a las células del organismo (radicales libres).

Protege los pulmones por su alto contenido de Vitamina C, de ahí su sabor amargo, que si se mezcla con miel o hecho en almíbar, adquiere un sabor irresistible para jaleas y ates que endulzan nuestro paladar.

Pero no creas que el fruto es lo único útil del tejocote, pues los aztecas y purépechas, utilizaban sus hojas y raíz para tratar problemas digestivos y expulsar parásitos intestinales. Sus hojas amargas, ayudan al tratamiento de infección en la orina y controlan la presión arterial elevada.

Las hojas son consumidas por el ganado durante el pastoreo, además de que se ha visto que los frutos aumentan la cantidad de leche en la ordeña por lo que también aporta nutrientes a las vacas.

El tejocote por su tamaño, suele deshuesarse para los niños pequeños y darles solo la pulpa, que ayuda a sus defensas en el frío invierno, además de sazonar el delicioso ponche que tanto gusta en las temporadas decembrinas mexicanas. Pero no sólo en este país se puede conseguir, también el tejocote se exporta a otros lugares del mundo, y aunque a precios muy elevados, valdrá la pena por su sabor y nutrición.